“Flagelos que azotan Costa Rica”


Señora presidenta, señoras y señores

Costa Rica es una pequeña República, cuya población, sufre el despiadado flagelo de la pobreza, con galopante e incontenible crecimiento de la inequidad en la distribución del ingreso: el quintil más rico de la población se apropia de más del 50% del ingreso, mientras el quintil más pobre recibe menos del 5%.

Por este motivo compartimos lo planteado por el Director General, en su memoria, en el sentido de que “los avances en la capacidad de producción, no han significado una mejor distribución de la riqueza”.

Costa Rica experimenta un incremento desproporcionado del desempleo y la economía informal, el más alto en los últimos años, además, más de una tercera parte de las personas trabajadoras no reciben el salario mínimo y al menos al 6.7% se les deniegan todos sus derechos laborales. Grandes segmentos de trabajadores que viven en la sombra de la sociedad, convertidos en ciudadanos de segunda.

No obstante que en el concierto político internacional nuestros gobernantes pregonan el carácter democrático de nuestro sistema, lamentablemente observamos un progresivo e intenso deterioro del Estado Social, la alteración de la institucionalidad pública y la impune enajenación de la soberanía nacional.

La desarticulación del Estado Democrático se complementa con las acciones gubernamentales de represión y criminalización del legítimo derecho de protesta ciudadana: recientemente dirigentes sindicales fueron enjuiciados por manifestarse durante una huelga del sector portuario y el 24 de este mes, se celebrará un juicio, de corte político, contra ciudadanos que participaron en una manifestación en defensa del Seguro Social.

En este contexto, señora Presidenta, en mi país la Libertad Sindical es objeto de un constante, permanente y sistemático ataque, concertado entre el Gobierno, las instituciones del Estado y el sector empresarial.

Los tratadistas del derecho del trabajo sostienen que la Libertad Sindical es una constante de los sistemas democráticos, que no existe democracia sin Libertad Sindical, pero en mi país, en lugar de promover la sindicación de los trabajadores, por contrario, las acciones están enfocadas a socavar la Libertad Sindical: el derecho de asociación sindical, negociación colectiva y la huelga.

El derecho de huelga, incluidos los servicios esenciales, quedó regulado en una reforma al Código de Trabajo, pero el Gobierno recientemente promulgó un decreto que declaró la prohibición absoluta de la huelga en los servicios públicos, el cual combatimos en los Tribunales.

La abrogación del derecho de huelga, mediante un decreto ejecutivo, es absolutamente irreconciliable con el principio de progresividad y máxima efectividad de los Derechos Fundamentales.

El derecho de huelga es consustancial a la libertad sindical. ¡¡¡El Derecho de Huelga es libertad de presión y libertad de expresión de la clase trabajadora!!! Vamos, a defender este primigenio derecho sin el cual la clase trabajadora pierde su libertad.

En materia de negociación colectiva, la situación no es menos alentadora. Desde hace varios meses el Tribunal Constitucional viene prohibiendo y restringiendo la negociación de convenciones colectivas en el sector público, pese a los reiterados pronunciamientos del Comité de Libertad Sindical, que han impelido al Gobierno a respetar el derecho de negociación colectiva, tutelado en el Convenio N° 98.

Bien apunta el Sr. Ryder, en su iniciativa relativa al futuro del trabajo, acerca de las inequidades, las dificultades para crear empleo de calidad y los mecanismos para generar más de 600 millones de puestos de trabajo, en los próximos 15 años; agregamos la enorme presión que significará ese ejército de desamparados, especialmente de jóvenes y mujeres.

Hay una incapacidad del sistema de proveer los bienes y servicios a una población que se duplica cada 25 años, con crecimientos económicos insuficientes, muy por debajo del 4% anual necesario, que se agrava porque este crecimiento no sólo es insuficiente, sino que es desigual; los índices económicos de ingreso per cápita y Producto Interno Bruto son espejismos que no reflejan el deterioro y empobrecimiento de las grandes mayorías.

Este panorama obliga a que asumamos un proceso mucho más comprometido con las necesidades de quienes nada o menos tienen, que marque el derrotero de la OIT para el siguiente centenario.

Desafortunadamente, no nos podemos engañar, no se ha logrado el pleno respeto de los Derechos y Principios Fundamentales en el Trabajo. En su lugar, la tendencia ha sido la desregulación laboral, la precarización del trabajo y el crecimiento de la economía informal.

La creciente globalización de una economía que experimenta rápidos y profundos cambios derivados de la evolución tecno-científica, obliga a que las reglas del mundo del trabajo y las relaciones de producción deban reinventarse, y será tarea de la OIT dictar las pautas globales que equilibren la balanza y aseguren Justicia, que es lo que demandamos, a quienes producimos la riqueza del planeta.
Se debe velar porque este proceso sea integral; no con programas de ajuste estructural, que iniciaron socando la faja de los trabajadores para que los pobres vivieran más pobres y posteriormente la faja del Estado, para reducir su participación en la economía mediante privatizaciones y políticas de contención del gasto público, pero que nunca alcanzaron las ganancias de los empresarios.

Esos programas ni siquiera incidieron en contención de la corrupción, cuya impunidad campea a lo largo y ancho de nuestro planeta. Aquí concuerdo con Sábato: _“Y entonces me pregunto: ¿en qué clase de sociedad vivimos, que democracia tenemos, donde los corruptos viven en la impunidad y al hambre de los pueblos se la considera subversiva.”_‘?

La estructura tripartita de la OIT y los procesos de diálogo social constituyen factor clave, para que en el marco de las conversaciones de cara al centenario, se procuren los mejores objetivos de la Humanidad: el pleno empleo, trabajo decente y justicia social para todos.

Al cumplirse un siglo de vida de la OIT, tenemos la expectativa y la esperanza de que los gobiernos y las organizaciones sociales podamos razonar y decidir cuestiones que se traduzcan en políticas y acciones concretas que contribuyan a que la clase trabajadora mundial disfrute del mayor bienestar y paz, en condiciones de igualdad, fraternidad, libertad y justicia social.

Muchas gracias

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