INTERNACIONALES: Bolivia: Los menos, o los mismos


“…Pero aquí abajo, abajo cada uno en su escondite hay hombres y mujeres que saben a qué asirse, aprovechando el sol y también los eclipses, apartando lo inútil y usando lo que sirve. Con su fe veterana el Sur también existe…”. Extracto de un poema del escritor uruguayo Mario Benedetti

Nunca me había sentido tan cómodo fuera de los ámbitos que habitualmente frecuento. Lo paradójico es pensar que esa sensación placentera ocurrió lejos de donde vivo y con personas, para mí, poco conocidas. Las Heras, localidad mendocina, donde la idea de la inseguridad asoma como un gran fantasma, fue el lugar donde las colectividades bolivianas en la Argentina se acercaron para esperar unas palabras de quien es a esta altura, un ídolo popular latinoamericano.

Él se hizo esperar un poco, ya que minutos antes de la cita con su pueblo, estuvo con esas otras “grandes” personalidades latinoamericanas. Evo Morales, el “indio” más respetado de todos los tiempos, llegó al Estadio Polimeni en la ciudad de Mendoza. Los ciudadanos del altiplano lo aguardaban con una incipiente alegría. Sonaba la comparsa con todos esos colores que Bolivia hoy puede mostrar ante el mundo. Las chicas, vestidas con trajes, que evidenciaban horas y horas de trabajo. Ellos, con los instrumentos musicales que parecían haber permanecido durante años en silencio para sonar esa noche mejor que nunca. Emitían compases que me hacían entender que había una inédita refundación de los sonidos.

El presidente del Estado Plurinacional de Bolivia llegó para contarnos cómo iban las cosas en ese país que como muchos otros, ha sido la olvidada espalda de Latinoamérica. Ese lugar que existe, pero pocos reconocen como constitutiva de un cuerpo que va creciendo de a poco. Va dejando de ser aquello que el Che Guevara describió como el subdesarrollo: “Un enano de cabeza enorme y tórax henchido en cuanto a que sus débiles piernas o sus cortos brazos no articulan con el resto de su economía, es el producto de un fenómeno teratológico que ha distorsionado su desarrollo”. Los ciudadanos bolivianos, han sido el centro de esa definición impuesta desde la ignorancia y el etnocentrismo exitista europeo.

Entre los principales anuncios, hubo cosas muy tristes pero reales. Bolivia está comenzando a pagar algunas jubilaciones para los sectores de la población más necesitados que nunca han entendido al Estado como cercano a sus intereses, porque evidentemente ha estado visiblemente ausente. Evo nombró ante sus compatriotas la palabra “debilidad” en reiteradas oportunidades. Quiso explicar, con mucho acierto, las cosas que su gobierno no pudo todavía cumplir durante su gestión, como la Justicia y los Ferrocarriles. Pero dijo estar buscando los métodos para salir adelante. Habló, además de los injustos reclamos policiales que con un incremento salarial del 48 por ciento durante los últimos 7 años sigue creyendo que un “indio” no puede gobernar una raza “noble” con modales europeos.

El Gobierno Plurinacional ha estatizado la mayoría de las empresas, que bajo la oleada privatizadora latinoamericana no sólo no prestaba los servicios en los lugares donde se instalaban, sino que seguían con el vaciamiento masivo, modalidad que habitó ese país desde la expropiación de las Minas de Potosí.

Con sólo siete años de Gobierno, el 85 por ciento de la población puede ir pensando en consumir agua potable, hablar por teléfono y empezar a transitar esos caminos intransitables hasta hace muy poco tiempo. Pero no sólo los europeos han hecho de Bolivia esa demonización de lo desconocido. Nosotros, aún, tenemos en nuestro lenguaje esa mirada xenófoba hacia ese país del mundo que viene caminando despacio, pero con la convicción de que lo que alguna vez fueron escombros, se va transformado en los cimientos de un país que quiere crecer a un ritmo propio, bien ajeno a esa maldita lógica que entiende el desarrollo de una sociedad como el escalafón por el cual siempre han ido avanzando los menos, o más bien, los mismos.

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Fuente: www.apasdigital.org

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